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Como todo lo que sube, baja; Ponch cuando se pasa de rosca, se le patina la cadena, falsea, se desquicia y después con aires de intoxicación, se aburre de todo eso para pasar a todo lo contrario. Y ahí es cuando baja las armas, los cambios, los desiveles, para la moto, se ubica, se calma y (como de costumbre como mecanismo de descompresión), no quiere hablar, quiere dormir y busca los abrazos de siempre:
De la familia con la que no tengo hoy día mucho q decir pero ya se sabe que a veces las palabras sobran en esa casa, y con quienes mis brotes post post post análisis no me están ayudando a soportarlos mas de un día pero así y todo, y desde la incapacidad de comunicarme como lo venía haciendo hasta hace un rato atrás, ya todo está mejor en el simple hecho de llegar a casa y sentarme en esa cocina, donde se que siempre voy a poder volver, todo se vuelve mas claro y facil (aunq no lo sea) porque en casa de mamá y papá yo soy hija, y nada mas que hija.
De la amiga con la que saber q está situada en el exacto polo opuesto y eso la convierte en un punto de referencia por la contraria para saber que sin querer llegar a eso, también hay otras formas de ser feliz, siendo incomprensible para mi la capacidad de querer tener una vida estructurada y tan camino a la felicidad que se refleja en mis padres y los de ella, vida que ya tiene y que lo compartido entre nosotras pende de un hilo pero cuando se trata de buscar bastiones y atajos para volver a casa, siempre aparece y sin saberlo ni probablemente quererlo, me ayuda a saber que de donde vengo es un poquito hacia donde estoy queriendo ir. Porq ella es mi par y mi amiga por histórico, a la cual no le cuento nada q no sea en su idioma pero su sola presencia me recuerda a la mujer que soy sin máscara de pestañas y sin mis años y sin mis cuentos. Con ella soy amiga sin edad ni tiempo.
Del ex novio devenido en amigo que fué el punto de partida de dos vidas compartidas por años y ahora tan distintas y a su vez (en algún punto) complementarias, como jenny y forrest con lo simbólico y la literalidad de la analogía, sabiendo que la fidelidad brutal es parte de lo que nos sigue conectando y las dos vidas antagónicas dibujadas al mejor estilo cuento, lo que (supongo) nos envidiamos mutuamente y con esa clave somos de vez en cuando trapecio y red.
Esos son sus lugares de mariconear cuando ponch se siente que está girando en falso.
Cuando me canso o me aburro o me asusto o me pierdo, siempre vuelvo a ellos para agradecer sin palabras que están en mi vida, recibir el mimo tácito y volver a la rueda. Siempre distinto, siempre avanzando, siempre creciendo.
Agradezco el lugar que ellos me dan aunq se los saque sin pedirles permiso, y ahora que ya pasó la nana, vuelvo a mi vida y gente habitual (que no por habitual menos importante) y concluyo que la lección de mi fin de semana, es que aparentemente la paz y el agite son carriles vecinos y pasarse de uno a otro suena casi como parte del recorrido. Pero si me freno y miro, con toda la milonga de estos últimos meses, sigo prefiriendo este café con leche en este bar en una esquina en almagro y en esta mañana porteña de día de semana cuando llueve y el mundo trabaja, y yo disfruto de esto porque así elegí hacerlo. Tranquila.
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